¿Puedo tener adicción a los vibradores y succionadores?

¿A quién no le gusta repetir una ración de su tarta favorita o ver un capítulo más de su serie preferida? Las personas nos enganchamos al placer que nos produce lo que nos gusta. Ahora bien, de ahí a la adicción hay una diferencia sustancial. Aunque existe la posibilidad de que ese gustirrinín se te vaya de las manos, lo cierto es que la adicción a los juguetes sexuales como, por ejemplo, los vibradores o succionadores no es algo que ocurra con facilidad.

En cualquier caso, es importante hacer hincapié en que los juguetes sexuales, del mismo modo que los móviles o las consolas, por ejemplo, no son adictivos en sí mismos. La adicción es el resultado de un mal uso del objeto en cuestión, ya sea un succionador de clítoris o un smartphone de última generación.

¿Por qué nos hacemos adictos?

No es sencillo dar una respuesta breve y única a semejante pregunta, ya que está sujeta a una infinidad de matices. Ahora bien, desde el punto de vista fisiológico sí es posible ofrecer una explicación clara y sencilla. Si te gusta el chocolate y comes una onza, ¿verdad que te gustaría comer otra más? Bien, pues esto ocurre porque cuando comes chocolate o te estimulas el clítoris con un Satisfyer, por ejemplo, tu cerebro libera una sustancia que se llama dopamina y que hace que te sientas estupendamente y, lo más importante, que quieras repetir la experiencia para volver a sentir lo mismo.

¿Significa esto que somos adictos al chocolate o a los succionadores o los vibradores? Por supuesto que no. Sencillamente, disfrutamos de algo que nos gusta, nos da placer y queremos repetir. Hace falta que concurran muchos otros factores para que empecemos a hablar de adicción.

¿Cómo sé que soy adicto a los juguetes sexuales?

El quid de la cuestión reside en la razón por la que comenzamos a usar un juguete sexual. En este sentido, nuestras expertas insisten en que es importante tener claro que un juguete sexual, como, por ejemplo, un dildo, un vibrador o un succionador, no es un sustituto de nada ni de nadie. Se trata de un aliado en tus momentos de placer más íntimo o de un complemento perfecto para una noche distinta, pero no debería estar destinado a llenar ningún vacío.

De modo que, si recurrimos a un juguete sexual porque he decidido delegar toda la responsabilidad de proporcionar placer a ese objeto, tenemos muchas posibilidades de caer en la adicción.

Una prueba definitiva que nos avisa de que hemos caído en la adicción es comprobar que su uso está interfiriendo en nuestro día a día. Es decir, si nuestra vida empieza a cambiar condicionada por el juguete sexual, hay que pulsar el botón de alarma. Estos son algunas situaciones en las que deberías pensar en consultar a un especialista:

  • No sales de casa para pasar el día entero con el succionador.
  • No quieres tener relacionas sexuales con otras personas porque ya tienes suficiente con tu masturbador.
  • Llegas tarde al trabajo porque estás en casa con tu consolador.
  • Dejas colgados a tus amigos por pasar la noche del sábado con tu juguete sexual.

Si ya me en enganchado, ¿puedo dar marcha atrás?

Por supuesto. Como cualquier otra adicción, siempre podemos hablar de soluciones y de retornar al punto de equilibrio. En primer lugar, nos gustaría dejar claro que lo ideal es que consultes a un experto en adicciones, ya que esa es la persona que mejor puede ayudarte a desengancharte de tu adicción.

En cualquier caso, si tu adicción todavía no es muy fuerte, siempre hay ciertos comportamientos que pueden ayudarte a mantener la abstinencia, como, por ejemplo:

  • Experimenta la masturbación con las manos.
  • Lee relatos eróticos.
  • Juega con la ducha.
  • Cambia de juguete sexual.

Guardar en el cajón de tu mesilla de noche a tu proveedor de placer oficial te ayudará a descubrir nuevas formas de placer. De este modo, descubrirás que tu “objeto de deseo” no era el único capaz de darte placer. Así, poco a poco, irás quitándole protagonismo en tu vida e irás recuperando terreno a tus aficiones anteriores que habías dejado de lado.

¿Por qué deja de darme placer?

La mayoría de las veces, cuando repetimos en varias ocasiones la misma experiencia solemos perder el interés. Tal y como explican los expertos, nuestro cuerpo, tras repetidas estimulaciones iguales, pasa por un momento de adaptación. Es decir, ya no responde con la misma intensidad a ese estímulo. Entonces necesitamos una pausa para volver a sensibilizarnos.

¿Puedo evitar engancharme a un juguete sexual?

Sí, por supuesto. Para ello, lo más importante es que recuerdes lo que mencionábamos unas líneas más arriba: un juguete sexual es un complemento o un aliado, pero no un sustituto. Teniendo esta idea presente, tendremos claro que cualquier juguete sexual entra en nuestra vida sexual para enriquecerla, no para llenarla.

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