¿Sabes qué es la plumofobia?

Ese es el nombre que se le ha dado a la discriminación por parte de personas homosexuales hacia los gais y lesbianas “con pluma”. Y es que la discriminación de homosexuales a homosexuales también existe. De hecho, siempre ha estado ahí, pero hasta ahora no se le había puesto nombre: Plumofobia. Rechazo a la “pluma” de sus compañeros de orientación sexual. O, dicho de otro modo, a los hombres afeminados y a las mujeres masculinas.

Esta fobia social también tiene sus cifras, esas que corroboran una realidad que, en general, todos los homosexuales ya conocían. Un estudio reciente realizado sobre una muestra de personas homosexuales de Estados Unidos y Reino Unido asegura que un 35% de los participantes en la investigación afirmó que los gais con comportamientos afeminados (la denominada “pluma”) proporcionaban mala imagen a la comunidad LGTBI.

Más datos… Según una encuesta publicada por la publicación, Gay Times, más de la mitad de los gais sin pluma creen que los homosexuales afeminados dan mala imagen al colectivo gay.

En definitiva, que, para los plumófobos, se puede ser gay o lesbiana, pero sin que se note demasiado. Así es cómo una parte del colectivo homosexual “castiga” a sus miembros menos discretos.

¿Qué es “tener pluma?

“Tener pluma” es una expresión que se utiliza con el ánimo de despreciar y, en última instancia, de insultar a aquellos hombres que tienen comportamientos o gestos afeminados. Este rechazo se aprecia con claridad en muchas aplicaciones de citas online en las que es frecuente encontrar perfiles que buscan a chicos “no afeminados” o “sin pluma”.

Ahora bien, ¿De dónde viene esta expresión? Aunque su origen no está muy claro y son varias las teorías al respecto, a continuación, hemos recogido algunas: una de ellas es la que la relaciona con las plumas que vestían las vedettes, símbolo de un tipo de feminidad estereotipada, también se vincula con las plumas que llevaban en el casco los soldados italianos fascistas que ayudaban al ejército franquista en la Guerra Civil española, y de los que se dice que utilizaban perfume.

“Abstenerse plumas y locas”

Encontrar ejemplos de plumofobia dentro del mundo LGTBI es bastante sencillo. Basta con echar un vistazo por las aplicaciones de citas online especializadas en relacionar a personas homosexuales o darse una vuelta por los locales de ambiente en los que se puede leer en muchos de sus carteles de promoción de sus fiestas frases que más que invitaciones son advertencias. Algunas de ellas son: “sólo tíos machos” o “abstenerse locas y plumas”. En definitiva, una clara prueba de que la pluma no está bien vista (ni de lejos) en estos lugares.

La Asociación Respeta LGTBH, en uno de sus comunicados, ha reconocido en varias ocasiones sentirse incómoda y contraria a las etiquetas y a los estereotipos, y explicaba así lo que ellos consideran la percepción generalizada en relación a los homosexuales con pluma: “La sociedad percibe la pluma de gais y lesbianas como un elemento inherente a su orientación sexual. Así lo exhiben los medios de comunicación, que al final son los que consolidan las opiniones de la masa. Por eso, la gente cree que es heterosexual una persona que no tiene pluma. Esto invisibiliza a bisexuales y homosexuales sin pluma y, por qué no decirlo, a heterosexuales y bisexuales con pluma que son automáticamente catalogados como gais y lesbianas.

Sobre este último asunto ya avisaba hace un par de años la guía Abrazar la diversidad, elaborada por el Instituto de la Mujer, donde se alertaba de la incipiente discriminación relacionada con los roles de género entre jóvenes de 15 a 19 años denunciando en sus conclusiones que “los hombres que no son percibidos como suficientemente masculinos sufrirán el insulto homófobo, al igual que las mujeres que no sigan los mandatos de la feminidad”.

Solución: educar en la diversidad

Este tipo de rechazo, tanto si se da en ámbito social, como si se sufre de puertas adentro, puede desencadenar terribles efectos y consecuencias en quien lo sufre. Tanto es así, que según el último estudio de 2019 sobre la LGTBIfobia (discriminación por razones de orientación sexual o de género) en las aulas, elaborado por COGAM (colectivo LGTBI de Madrid), el acoso escolar en menores LGTBI puede derivar a menudo en intentos de suicidio. Citando otros informes anteriores realizados a escala nacional, este documento señala que “de los más de 600 menores de 25 años encuestados que admitían haber sufrido algún tipo de acoso en el ámbito educativo, el 43% había llegado a plantearse la idea de suicidarse, el 35% lo había planificado, y el 17% lo había intentado en, al menos, una ocasión”.

Los expertos aseguran que, gracias a la lucha por los derechos LGTBI durante décadas, la sociedad va cambiando poco a poco, propiciando que las nuevas generaciones no entiendan el género de una manera tan fija. Sin embargo, aún hay mucho camino que recorrer en la lucha por la igualdad y para ello, es fundamental seguir educando en la diversidad porque la LGTBIfobia en las aulas y fuera de ellas todavía existe.

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